Una historia detrás de la historia
Cuando estaba terminando Maratón, sentí que a la historia todavía le faltaba algo. Necesitaba conocer mejor a ese tipo de persona que quería poner junto a Carlos.
Hoy quiero compartir contigo aquella conversación con Bruno Bernal Díaz, realizada en Valparaíso en diciembre de 2015.
El hombre detrás de Braulio
Finalizaba el año 2015 y me encontraba empeñado en terminar mi novela
Maratón: Historia de un Runner, cuyas líneas argumentales se habían ido
perfilando poco a poco después de casi un año de haber tomado la decisión de
escribir mi primer libro. Tenía la ambición de crear una obra que se destacara por
tocar algo de la fuerza de voluntad que reside en todos nosotros. Esa ambición
me impulsó a trabajar con seriedad y dedicación por mucho tiempo. Sin
embargo, cuando tuve listo mi primer borrador, las cosas no terminaban de
cuadrarme. Sentí que necesitaba un poco de magia real, de esa con la que uno
se encuentra a veces en la vida, pero que normalmente no sabemos apreciar
hasta que ya es muy tarde. Fue así que me animé a salir de mi zona de confort y
buscar a alguien que todavía destilara un poco de esa magia.
En Valparaíso estaba este personaje mítico al que apodaban de cariño el
Forrest Gump porteño. Un caballero de larga barba que corría sin pasar
desapercibido, como una especie de asceta del atletismo. Su figura se
correspondía con el personaje de mentor que quería desarrollar para mi historia,
por lo que quise conocer más acerca de Bruno Bernal Díaz, este gran hombre
que había batido récords en las maratones chilenas y con el que yo mismo había
compartido más de alguna carrera. Sin embargo, hasta ese momento nunca
había entablado una conversación seria con él. Por lo tanto, conocía solo su
imagen externa, no al ser humano.
No fue fácil encontrarle. Por esas fechas yo frecuentaba una librería llamada
Libroteka, ubicada en el centro de Valparaíso, y a veces me quedaba ahí hasta
bien entrada la tarde conversando sobre libros. En cierta ocasión me encontré
con un conocido de cuando trabajaba en Darwin´s Trails, un tour operador en el
que me desempeñé como administrativo durante varios años. Se trataba de
Eliseo Morales, un periodista que había trabajado como guía en alemán. Fue él
quien me dio las primeras pistas para encontrar su domicilio.
La primera vez que me vio, Bruno no me recordaba de nada, y pensó que yo
era un periodista de una revista local, una con la que había tenido problemas
recientemente. Me dijo que ya no estaba dando entrevistas porque los
periodistas de esta revista no lo dejaban tranquilo, y en el pasado se habían
tomado muchas atribuciones con él. Solo después de un buen rato pude
convencerlo de que solo quería hacerle una entrevista para mi libro. De ahí en
adelante asistí varias veces a su casa, su refugio, un lugar atestado de torres de
documentos personales y diarios de distintas épocas que coleccionaba con
ahínco. Era en verdad, una especie de museo del recuerdo en el cual Bruno se
afanaba minuciosamente a registrar cada acontecimiento que, de acuerdo a su
criterio, valía la pena perpetuar.
Cuando comencé la entrevista, apareció un gatito que él se estaba encargando
de cuidar. Era viejo y sus movimientos eran un tanto rígidos. No pude evitar
establecer un símil con el propio Bruno, quien a esas alturas ya se había alejado
de sus entrenamientos matutinos y sus hazañas deportivas, pero que, sin
embargo, seguía en posesión de una mente fresca y un carácter firme. Quien lo
haya conocido sabrá que es verdad: cada una de sus palabras emanaba la
resolución y claridad de una persona decidida.
Dejo a continuación un resumen de la entrevista que le hice, la cual, debido a mi
falta de experiencia, se tornó casi enseguida en una especie de conversación
natural.
Entrevista a Bruno Bernal
anotar ahí, que a las 9:25…
Veo aparecer el sol en Rodelillo a las 6 horas con 45 minutos. Hay nubes
oscuras, pero el sol se sobrepone. El mar está muy tranquilo, sin rompiente
en la orilla y sin brisa. Dormí bien. Diviso entre nubes el cerro la Campana y el
Aconcagua. Espero tener un buen pasar este nuevo día. Tengo romadizo
aún.
Un dron chocó contra el Palacio de la Moneda; fue identificado su dueño.
Esto sucedió tiempo atrás en el mes de junio. Tú sabes que, en las noticias
actuales, hablan mucho sobre los drones como regalo de navidad. Pues bien,
ahí mencionaron que uno de estos es el que había chocado y cuáles son las
regulaciones que existen para poder manejarlos.
eran remedios.
Ayer respiré profundo y lo haré hoy también. Y aquí pongo: don Joaquín, y
mañana escribo que ayer vino don Joaquín y me hizo una entrevista.
(Comentarios varios)
amigo de apellido Gahona en el norte.
(Preparamos un lugar para sentarnos entre los muchos libros y diarios que
nos rodeaban)
de poesía de la mamá. Murió hace como veinte años ya… Ya don Joaquín,
ahora estamos listos.
prácticamente todas trataban solo de aspectos técnicos y no de su parte
humana. Por lo tanto, me gustaría que me hablara acerca de cuáles fueron
al principio las motivaciones que llevaron a un joven Bruno Bernal,
a animarse a hacer algo que, en general la gente hace, pero después deja;
me refiero a salir a correr; pero no por el simple hecho de
hacer ejercicio, sentirse bien o estar a la moda, si no de forma seria y
persistente a lo largo del tiempo. Tengo algunas preguntas relacionadas
con esto…
Primero, ¿en qué momento usted decidió que quería dedicarse a
correr? Me refiero a hacerlo en cuerpo y alma.
aduana, y se me trasladó por razones de buen servicio, a una aduana de
frontera en Lonquimay. Entonces, mientras estaba en el campo, empecé a
trotar, lo hice a campo traviesa, con perfumes de arbustos y matorrales,
metido entre cerros, ríos, lagos y volcanes. Con esos hermosos paisajes
conviví un feliz verano, mientras cumplía funciones aduaneras en ese pueblo
cordillerano. Esos fueron mis comienzos. Al principio no trotaba más que
unos cinco minutos. Posteriormente, cuando me trasladaron a otra aduana
de frontera, a Antuco, lo seguí haciendo, sin importarme para nada ni la lluvia
ni el viento. Pronto, comencé a correr quince kilómetros diarios, por lo que
mis piernas comenzaron a fortalecerse y ya no me tambaleaban; fielmente
cumplían con el sacrificio diario que yo les imponía.
A comienzos del año 1965 volví a Valparaíso y continué entrenando en
las canchas de Alejo Barrios. Enseguida, con temor, con vergüenza (porque
siempre uno tiene un poco de vergüenza, sobre todo yo, que pesaba 86 kilos
y tenía 35 años), una tarde me atreví a entrenar en el Estadio Valparaíso, en
donde toda la concurrencia eran estudiantes de entre 15 a 20 años cuando
mucho. Y con toda la vergüenza, di vueltas y vueltas, porque todos me
miraban debido a mis 86 kilos.
De ahí en adelante seguí yendo, y con el tiempo fui conociendo gente y
perfeccionándome con la ayuda de un profesor de educación física de la
universidad de Chile, don Juan Reyes. Él me dio las primeras instrucciones
para mejorar los entrenamientos. Yo entrenaba con distancias medidas y
cronómetro en mano. Al cabo de cinco años de entrenamientos
consecutivos, fui viendo los progresos. Eventualmente fui capaz de correr en
una competencia de 21 kilómetros. No gané, pero para mi edad en ese
entonces, entre 39 y 40 años, la terminé en 1 hora 27 minutos. Hoy día
comparo esa cifra con toda la gente que corre con 35 años más o menos, y
hacen alrededor de 1 hora cuarenta y más, entonces me doy cuenta de que
mi marca, en su momento, era buena.
físicamente, o ya tenía en mente el objetivo de correr una maratón, o
incluso ganarla, algún día?
entrenarme en el estadio en Valparaíso durante cinco años, con un
entrenador, utilizando distancias fijas y con cronómetro en mano, yo ya me
consideraba un atleta. De forma paralela comencé a participar en torneos, en
los cuales, debido a mi edad y también porque mi competencia estaba
compuesta por experimentados jóvenes de entre 20 y 30 años, siempre
llegaba último.
En 1980, en Valparaíso, se creó la Fundación de Atletas Seniors, y me
inscribí. Era la primera vez que pertenecía a una institución de atletismo,
pese a que ya tenía mucha experiencia corriendo. Cuando llegó el momento
de correr bajo esta categoría, gané la competencia de 5000 metros planos
para la edad de 50 años. Mis buenos años de entrenamientos me habían
capacitado para lograrlo. Después de aquello seguí corriendo, por lo general,
la distancia de 21 kilómetros, que era la que dominaba.
En 1990, decidí aumentar mis parámetros y correr por primera vez una
maratón oficial de 42 kilómetros. Esto fue en la Maratón Internacional de
Santiago. En aquella oportunidad ocupé el 2do lugar, en la categoría de 60
años, con 3 horas y 38 minutos. Al año siguiente fui otra vez, y el ganador de
la Maratón anterior no compitió, sino que ocupó el puesto de comisario de la
competencia. En aquella oportunidad, recuerdo que me dijo con un apretón
de mano: “Ahora te toca a ti”. Su nombre era Héctor Paul Errázuriz, un gran
caballero en el deporte y en su profesión de abogado.
Hasta ese momento yo no había pensado más que en correr, sin
embargo, en aquella oportunidad obtuve el primer lugar, y me gustó la
sensación. Desde aquí en adelante, comencé a ganar las competencias,
obteniendo los primeros lugares casi siempre. Aquí tengo mis medallas.
(Valparaíso), la cual parte en Puchuncaví y termina en Viña del Mar. Y gané,
empleando un tiempo de 4 horas con 23 minutos. Este fue el galardón de
más prestigio que he obtenido. Junto con ganar, además establecí el Récord
Sudamericano para mi edad. Mi hazaña fue publicada en las revistas
especializadas oficiales.
personas que han tenido éxito en lo que a uno le gusta o que, en algún
sentido, representan un ideal al cual aspirar. Personalmente, pese a que
no me considero un atleta ni mucho menos, tengo en mi pieza un cuadro
de Abebe Bikila, en el momento en que ganó la Maratón Olímpica de Roma
de 1960, convirtiéndose en el primer africano en coronarse campeón, y
haciéndolo, además, a pies descalzos. Se trata de una imagen que me
inspira mucho. ¿Usted tiene actualmente algún referente, o lo tuvo
cuando comenzó su carrera como atleta?
Sabía que quería correr una maratón, y eso era suficiente.
Vi colmada mis ambiciones cuando obtuve el primer lugar junto al récord
sudamericano. Otra cosa más; también me convertí en el primer chileno en
correr una maratón con 75 años. Puedes verlo en esta foto que tengo aquí.
Posteriormente, impuse el mismo récord cuando corrí a los 80 años. Es
decir, lo que yo he venido haciendo siempre han sido marcas inéditas. Esa
ha sido más o menos mi trayectoria. En estas carpetas que tengo aquí,
estoy ordenando mis resultados atléticos, los cuales han sido publicados
oficialmente.
ha tenido que competir casi siempre en solitario. Mientras los otros
atletas de su edad ya habían abandonado su carrera, usted estaba
escribiendo triunfos históricos.
al atletismo porque cada persona tiene su mundo propio. A mí nadie me
obligó. Salí solito a entrenar, sin conocimientos técnicos de nada.
Ha, quería comentarte una cosa más: el año 1996, para satisfacer mi
ego, cumplí 2 vueltas al mundo corriendo, cifra que resultó de sumar todos
los kilómetros que abarqué entre mis entrenamientos y competencias
durante 32 años, es decir, desde 1964 a 1996. En total, 80.000 kilómetros.
Por este motivo fui homenajeado por la Universidad Católica y el Club
Atlético O 'Higgins.
Con el tiempo, llegué a entrenar durante más de cincuenta años
consecutivos. No paré nunca. Solamente en una ocasión, por motivo de
lesiones, me detuve durante unos 3 o 6 meses alguna vez, y fue lo único.
Como un homenaje por este logro me hicieron dar una vuelta olímpica en el
recién inaugurado estadio Elías Figueroa.
¿hay algún desafío que le gustaría alcanzar?
carne y hueso. Se me produjo un derrame pleural el año 2013, y desde
entonces me puse flojo, ni siquiera he ido al doctor a examinarme, pero me
siento bien. Mis piernas están bien y en general estoy bien. Pero sé que
pronto debo ir al doctor nuevamente para que me revise por completo; así
sabré si puedo comenzar a entrenar otra vez. Y si vuelvo otra vez a las
competencias, lo haré con una categoría especial para corredores que va
desde los 85 a los 90 años. ¡No hay maratonistas de esa edad!
Mi opinión es que estos logros tienen que ver esencialmente con una
tendencia a ir en contra de la corriente. Lo normal es que la gente se deje
llevar por los estereotipos culturales aceptados por la sociedad. Yo creo que,
simplemente, hemos aprendido a ver la vida así; y cuando de repente aparece
una persona de pensamiento libre y te dice: "oye, es que yo no lo veo así;
yo creo que una persona puede ser joven toda su vida", aparecen las contradicciones.
Preguntas como: ¿No sería más agradable quedarse acostadito en la cama, abrigadito,
viendo tele? ¿Para qué hacer las cosas diferentes? En lo personal creo que
hay cierto tipo de personas en este mundo que se sienten inconformes
con una vida mediocre. No quiero ser despectivo al usar esta palabra. A lo
que me refiero es que, la mayoría de las personas solo sigue un patrón de
conducta predefinido. Es difícil encontrarse con una persona que diga:
Quiero ser diferente; me gusta la libertad, y nadie va a venir a decirme
cómo me tengo que sentir.
Me gustaría preguntarle: ¿Hay algún legado que le gustaría dejarle a las
nuevas generaciones?
logros atléticos. Tal vez leyéndolo, podrían querer imitarme. Empezar
corriendo 5 minutos y luego emocionarse con poder conseguir un logro
altísimo; subir al podio, imponer un récord.
siguiendo. La siguiente pregunta, que también es íntima, tiene que ver con
otros aspectos de la vida: ¿Sigue alguna filosofía de vida o tiene afinidad
con alguna religión? ¿Qué le da ánimos diariamente para salir de la cama?
obligaciones o creencias de ninguna índole. Siempre he sido libertario, a tal
punto que me quedé soltero.
(Algunas risas y comentarios relajantes entre ambos)
usted ve mi vida libre, con esa gran colección de diarios. Tengo diarios en
cajas por todas partes. ¡La gente bota los diarios! Es un pecado hacerlo. Yo
los colecciono porque ahí está la historia del mundo. Aquí tengo El Mercurio,
tenía antes El Expreso, El Hocicón, La Época… y tantos otros. Cuando me
enfermé, se pretendió limpiar aquí, y botaron una gran cantidad de mis
diarios, mis historias, tantas cosas que ya no existen.
momento real protagonizado por usted. No recuerdo exactamente en qué
año fue, pero sucedió en una de las competencias de maratón organizadas
en honor a las glorias del ejército que celebran en la calle Altamirano. Yo
estuve ahí, y recuerdo que en aquella oportunidad usted llevaba puestas
unas zapatillas, y disculpe que lo diga así, ya no daban más de lo gastadas
que estaban. Fue en esos tiempos en que usted se ponía el cintillo…
No he podido encontrarlo, parece que alguien lo guardó mientras yo estuve
ausente, así que tengo que comprarme otro. Tuve varios a través del tiempo,
pero el nuevo que tenía no lo encuentro.
usted, don Bruno Bernal, podía subir a la tarima. Luego le regalaron unas
zapatillas entre felicitaciones y aplausos. El momento fue anecdótico
también para mí, porque después de eso, preguntaron si había alguien que
estuviese de cumpleaños. Coincidió que, en efecto, yo y otros más, lo
estábamos, así que toda la gente ahí reunida nos cantó el cumpleaños
feliz, además de regalarnos unas poleras.
Una pregunta que el animador le hizo fue: ¿Hay algún consejo que pudiese
darle a las nuevas generaciones?
en el hospital Van Buren recuperándose de un accidente de tráfico, y
llevando a cuestas una terrible depresión por haber perdido su casa en el
incendio del 2014. En un momento dado, mientras usaba una Tablet que le
habían regalado, observó una noticia en que aparecía su foto, y le
reconoce porque se trataba de la misma persona que él había estado a
punto de atropellar hace muy poco. Quiero leerle un fragmento de la
escena en cuestión:
—¡Ese viejo! —murmuró— Es la persona a la que casi atropello hace dos semanas.
En ese momento, una de las ventanas de la sala se abrió con fuerza, dejando entrar
un tempestuoso viento invernal. Carlos la miró de reojo, esperando que alguien se
animara a cerrarla para no tener que hacerlo él, que no podía despegarse de la
noticia que tenía entre manos. El titular decía:
“Corredor de 86 años termina su doceava maratón”
Carlos continuó leyendo mientras el viento zumbaba en sus oídos y el frío estremecía
su piel. Adentrándose cada vez más en la noticia, descubrió que aquel viejo era muy
querido por la comunidad; le apodaban el Forrest Gump porteño, y era algo así como
una especie de leyenda urbana dentro de la idiosincrasia popular de Valparaíso. Solía
correr por los cerros y el plan cada día a las siete de la mañana, según destacaban. La
noticia contenía un video relacionado. A través del micrófono del presentador, sus
palabras fueron:
“Yo les quiero decir a todos los jóvenes: que salgan a correr ahora porque después no
podrán”
cumplo 86 años, pero lo demás está bien, sobre todo en lo que se refiere a
que he corrido doce maratones.
la información que pude rescatar de Internet. De todas formas, la línea
narrativa de la historia es una creación mía. Solo se trata de una ficción. No
obstante, con el tiempo desarrollé la necesidad de darle más seriedad y
coherencia a los sucesos y por eso estoy aquí.
digo: Aprovechen de correr ahora que son jóvenes.
J: Leo un poco más:
Aquella frase contenía un poderoso mensaje que estaba más allá de las mismas
palabras.
—¡Increíble! —murmuró otra vez Carlos, intentando conciliar la precariedad de su
estado anímico con la vivacidad de un octogenario viejo al que parecía no importarle
un rábano la edad que tenía—. Pero es que… ¿Acaso nadie le recuerda a este viejo que
le puede dar un ataque al corazón si sigue corriendo? ¿Acaso está loco?
Pero a pesar de sus funestas y prematuras críticas que eran impulsadas por esa
mediocre lógica del hombre común que se resiste a aceptar lo que él mismo no puede
hacer, Carlos fue llenándose de un feroz deseo de cambiarlo todo.
Ver aquel viejo rompiendo los esquemas típicos de la sociedad y los ciclos de vida
culturalmente aceptados, generó en él una especie de corto circuito en su mente.
«que salgan»
La frase había llegado a él en un momento en que ya no podía resistir un momento
más aquel estado de inercia y su mensaje era como el fuego que hierve el agua de una
olla a presión a punto de estallar.
«a correr»
De pronto, desde la ventana abierta penetró el resplandor de un rayo que iluminó
con toda claridad a los cinco ancianitos que se acurrucaban buscando un poco más
de calor en sus desdichadas vidas.
«ahora»
—¡No aguanto más estar aquí! —gritó Carlos, firmando sus palabras con el
asolador rugido del trueno que siguió al relámpago—. Me dio gusto conocerte Facu
(Compañero de habitación en el hospital) y no olvidaré lo que me dijiste.
—¿Qué te pasa amigo? ¿Te quieres resfriar? Acuérdate de lo que dijo el médico:
¡Tienes que cuidarte! —insistió su compañero, mirándole con asombro e
incomprensión—. Acuéstate de nuevo que hace tanto frío. No seas tonto... ¡Hazme
caso chiquillo necio!
A pesar de aquellas palabras, Carlos se vistió, imperturbable e inflexible.
Luego, prácticamente se tragó un rico sándwich de pollo con mostaza que le había
traído su esposa aquel mismo día. Y finalmente se dirigió a la puerta, sin llamar la
atención de ningún trabajador del hospital, que de todas formas brillaban por su
ausencia.
El reloj mural marcaba en ese momento las 6:40 am.
—¡¿Vas a salir afuera cuando el temporal está a punto de empezar?! ¡¿Acaso te
volviste loco de verdad?!
Carlos se detuvo un paso antes de dejar la habitación y respondió titubeante...
—Sí, eso creo.
Y desapareció en medio de la penumbra.
a regalarle un poema que es el más emblemático que tengo. Páseme ese
archivador, el primero que está ahí. Deme un momento para buscarlo bien
porque tengo muchos. Mire, aquí tengo, por ejemplo, un poema del 18 de
mayo a los fallecidos de Antuco(*2). Y aquí tengo otro que es bien divertido.
Tome por mientras, para que lo lea. Se llama “Por qué no te callas” (*3).
Por qué no te callas
A mí no me haces callar.
Voy a hablar de tu infamia.
Voy a hablar de tu sed sanguinaria.
Voy a hablar para defender a esos animales que jurasteis proteger.
Esos que sin remordimiento fusilaste y que están en peligro de desaparecer.
De eso voy a hablar. De tu safari a Botsuana para satisfacer tu indigna afición de
matar a desvalidos elefantes en peligro de extinción.
Muy pronto te olvidaste que World Wildlife Fund te distinguió como presidente
honorario de su fundación, para preservar la vida salvaje y ofrecerles protección.
Tu andanza por la selva tuvo alta repercusión:
indignados ecologistas alzaron su potente voz, denunciando la vil matanza,
pidiendo tu expulsión
de World Wildlife Fund, loable organización.
Bruno Bernal Díaz.
Valparaíso, 9 mayo de 2012.
vuelta al mundo.
callar! Podríamos decir que ahora soy yo el que dice la famosa frase.
Tengo varios archivos con poemas. Y ahora mismo estoy en proceso de
ordenarlos.
Tengo aquí un poema que le escribí a dos atletas nortinos. Se lo voy a leer,
es corto:
Los Históricos Arenales del Desierto
Los Históricos del Desierto fueron vilmente violentados
con dos grandes y tristes manchones.
Uno pertenece a José Yáñez Alfaro, de la gloriosa tierra de campeones.
El otro es de Carlos Maldonado Castro, venido del gran mineral del cobre.
Ambos con justicia fueron descalificados por sus perversas y malas intenciones que
emplearon en diversas maratones.
José Yáñez Alfaro sin correr fue premiado con trofeo y medallas, pero no evidenció
haberlas obtenido en el campo de batalla.
Carlos Maldonado Castro por su parte ganó la maratón Hoescht 1989,
sin pensar que instantes después los atletas irían a reclamar interponiendo su
apelación.
Luego de varios minutos de profunda meditación, los jueces en conciencia dictaron su
resolución:
Carlos Maldonado Castro, descalificado por fraudulenta participación.
Ahora nosotros, los Históricos Arenales del Desierto, exigimos borrar esos manchones
que ofendieron a nuestros antepasados, a nuestros verdaderos campeones.
Y que FEMACHI (*3) restituya a Bernal, el lugar en el pedestal que con justicia le
corresponde.
Me quitaron un récord de esa manera, y quise escribir este poema.
También tengo este otro, el poema en honor a los 33 mineros que quedaron
atrapados en el norte de Chile. Si gusta puede leerlo para que quede en la
grabación:
La fe mueve montañas
Todo Chile consternado por tragedia ocurrida en la mina San José.
33 mineros atrapados en el centro de la tierra, tal cual lo fue
Jonás en el vientre de un inmenso pez.
Sus familiares compungidos por tanta infausta noticia,
desde Copiapó presurosos subieron a la mina para saber lo acontecido.
Cargando su dolor, llorando sus penas, se instalaron en carpas e izaron banderas
chilenas.
Iniciaron emotiva vigilia con velas encendidas, adornaron un altar, pusieron
fotografías, veneraron la imagen de San Lorenzo y de la Virgen María,
elevaron plegarias, rogaron al Señor, imploraron la ayuda divina para encontrarlos
con vida a setecientos metros en el fondo de la mina.
Los rescatistas por su parte, en el mundo terrenal, en tan angustiosa situación,
después de estudiar los planos llegaron a la conclusión
de apuntar hacia el refugio, ya que en el trágico momento se aprestaban a consumir
su colación.
Transcurridos varios días de incertidumbre y desazón, en el campamento Esperanza
soplan nuevos aires de ilusión que les alegra el corazón
al saber que el taladro va dirigido con certera precisión al destino elegido en la
profundidad del socavón.
El 22 de agosto del año 2010, entre 10 y 7 días después de que el fatídico planchón les
cerrara la salida,
todo Chile jubiloso celebró la noticia venida del fondo de la mina,
escrita en un papel pegado al perforador. Escuetamente decía: Gracias al Señor, los 33
estamos con vida.
Este número es sagrado, era la edad de cristo cuando fue crucificado.
Todo Chile agradecido con los rescatistas por haberlos encontrado.
Bruno Bernal Díaz.
Valparaíso, 26 de agosto de 2010.
mundo; se llama “El Anciano”. Tenga, se lo regalo…
emblemático, pienso que tiene mucho más sentido que lo lea usted.
cuidando que no se caigan. Bien, prepare la grabadora:
El Anciano
Ahora estoy convertido en un anciano, tal cual ustedes me ven,
que camino encorvado, lento y cansado,
arrastrando mis achaques porque los años no han pasado en vano.
Las arrugas han llegado a mi cara, mi pelo se ha vuelto cano.
Mis manos están temblorosas, mi voz suena triste, apagada.
Mis oídos se han puesto sordos, mi mente ya está perturbada.
Los años no han pasado de largo, en mi cuerpo se han quedado,
los llevo a mi espalda, los siento muy pesados.
Soy el anciano, el abuelo, el tata, o como me quieran llamar;
a veces un viejo de mierda que está para puro estorbar.
En otras, me tratan con afecto y suavidad, como si fueran un niño,
con palabras bondadosas, tiernas, y muchísimo cariño.
La vejez no es un premio de la vida si te tratan mal,
Si te tiran la comida como a un pobre animal
Los abuelitos venimos en reclamar
mejor trato, respeto y dignidad.
¿Son los años un premio de la vida o un castigo terrenal?
A ti, hijo, nieto, te lo digo,
no te olvides que con los años me tendrás que reemplazar
en este dignísimo lugar.
Bruno Bernal Díaz, mayo de 1998.
conversación.
(Intercambio de comentarios varios)
mismo cuando tenía 35 años, ¿Qué se diría y qué se aconsejaría para la
vida?
con la vida que he tenido desde los 35 a los 86 años, no tendría nada que
quitar ni censurar. He seguido el camino que me indicó la naturaleza y no
haría ningún cambio.
todo el abanico social. A dónde voy, gente bien humilde y sencilla me saluda.
Y también ocurre, como le decía, en las altas esferas como lo es el congreso
nacional. Adonde me invitan voy, como ha ocurrido con los homenajes que
me han hecho y las competencias en las que he participado. Soy un
deportista, y el deportista no es clasista, sino que es de todo el mundo.
Y aunque tengo muchos amigos, debo decir que nunca he sido partidario de
pedir aportes para mis competencias. Incluso, escribí un poema sobre ello en
una oportunidad, expresando que nosotros debemos caminar con la frente
en alto y no caer en la mendicidad. Un hombre mayor tiene su vida formada y
tiene que tener orgullo y dignidad, por lo tanto, no debe ir a mendigar apoyo
económico. Con los niños es distinto, porque ellos recién se inician. Este es
más o menos mi pensamiento.
Yo para todo tengo un poema. A este que le mencionaba le puse: “Hay que
saber llegar a viejo”
aquellas cosas que están dentro y que, si uno no las saca, eventualmente
mueren con uno.
Lo que quedó de aquella conversación
Al final, por razones creativas y también para evitar posibles problema
legales al usar el nombre verdadero de una persona, decidí no incluir en el
libro el capítulo especial que pensaba
escribir sobre Bruno Bernal.
En
cambio, el personaje de Braulio conserva buena parte del carácter
que siempre admiré de él, así como parte del mito que
circundó sobre su imagen, la cual, aunque la realcé para causar una mayor
impresión en el lector, queda lejos de emular los sentimientos que
despertó en la vida de quienes lo conocimos.
Bruno Bernal fue una persona que me recordó que el tiempo pasa rápido, y si queremos hacer algo desde el fondo de nuestro corazón, más vale que nos calcemos nuestras zapatillas, aunque no sean las mejores, y salgamos a la calle a darlo todo por conseguirlo.
Un recuerdo que permanece
Bruno Bernal falleció en febrero de 2017, cerca de un año después de
entrevistarlo. Si quieres saber más de él, te dejo el reportaje que realizó
el Canal TVN:
Observaciones
1) Habíamos barajado la posibilidad de escribir un libro biográfico, pero, debido a
que pocos meses después de mi entrevista él enfermó, perdimos el contacto y al
final el proyecto quedó inconcluso.
2) Tragedia de Antuco: La tragedia de Antuco refiere a la muerte de un
suboficial y 44 conscriptos que hacían su servicio militar en el Ejército de Chile
mientras realizaban ejercicios de montaña el 18 de mayo de 2005.
3) “Por qué no te callas”: El título del poema es una referencia a las palabras
ocupadas por el rey de España Juan Carlos I contra Hugo Chávez, en la Cumbre
Iberoamericana, el 10 de noviembre de 2007 en Santiago de Chile.
4) FEMACHI: Federación de Atletismo Máster de Chile
Conserva la entrevista
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